Tendencias 2026 en fundraising e inversión de impacto (una mirada desde Puerto Rico)
Si hay algo que diciembre hace muy bien, además de recordarnos que siempre subestimamos el tiempo, es obligarnos a mirar hacia atrás… y de reojo hacia adelante.
Y desde el fundraising, ese “mirar hacia adelante” no puede ser ingenuo. Ni romántico. Ni basado en “ojalá que el año que viene sea mejor”.
Porque si algo no deja claro el 2025 es esto: el dinero no desapareció, pero sí cambió de lugar, de ritmo y de expectativa.
Hoy quiero compartirte, desde mi trinchera como consultora en Puerto Rico, las tendencias reales que ya estoy viendo y que van a marcar el fundraising y la inversión de impacto hacia el 2026. No desde teoría importada si no desde lo que está pasando aquí. Ahora.
1. Ya no basta con “hacer impacto”: hay que saber explicarlo bien.
Esta no es nueva, pero en el 2026 se vuelve no negociable.
Donantes e inversionistas de impacto están preguntando: – ¿Qué problema específico estás resolviendo? – ¿Cómo sabes que lo estás resolviendo? – ¿Qué pasa si el dinero se acaba mañana?
En Puerto Rico esto se siente con fuerza porque muchísimas organizaciones hacen trabajo valioso, pero no siempre lo saben narrar estratégicamente.
La tendencia es clara: las organizaciones que pueden traducir su impacto a lenguaje claro, humano y medible van a destacar. Las que no, seguirán haciendo trabajo excelente, pero en silencio.
(Y el impacto en silencio no escala. Ni se financia.)
Asi que recuerda esta palabra “Storytelling”. Aprender como trabajarlo va a marcar un antes y después en tu organización.
2. Menos romantizar el sacrificio, movernos más hacia la sostenibilidad
Ese discurso de “hacemos magia con lo poco que hay” sigue siendo admirable. Pero seamos honestos, no es sostenible… ni para la organización ni para nosotros.
El 2026 va a exigir estructuras sanas que no estén estancadas en modo de super héroes permanentes, modelos financieros claros, diversificación de ingresos y overhead bien justificado.
Pedir para sostener la operación es imperativo. Es pedir con responsabilidad por que los programas no se corren solos. (Fundaciones y donantes los estoy mirando.)
3. El donante quiere estar más cerca y tener una participación más activa
Esto significa que veremos menos cheques solo con foto para publicar en Facebook. Pero tendremos más conversaciones reales, más transparencia y más acceso al proceso.
El donante quiere sentirse parte activa del camino, no solo del cierre.
Personal de organizaciones de Puerto Rico que me leen, aquí tienen una oportunidad gigantesca. PERO solo si dejamos la improvisación.
4. La inversión de impacto va a mirar más pequeño y más profundo
No todo serán donativos con muchos ceros a la derecha.
Cada vez hay más interés en proyectos locales sólidos, micro-inversiones con propósito y alianzas híbridas. Para el 2026, la pregunta clave no será cuánto puedes crecer, sino qué tan sostenible y coherente es tu modelo. Esta palabra, sostenible, TIENE que volverse parte esencial de tus planes de recaudo.
5. La Junta Directiva deja de ser opcional
El fundraising relacional, el que realmente funciona, no se sostiene desde una sola persona (shout-out a la dirección ejecutiva y de desarrollo).
Se requieren más voces, más conexiones y más responsabilidad compartida real.
Y eso nos lleva, inevitablemente, a la Junta Directiva.
Para el 2026, las organizaciones que sigan operando con una Junta observadora (aka tipo advisory) que solo esté presente para aprobar actas y opinar sobre asuntos, pero ausente de la ejecución de estrategias (sobre todo la de fundraising), van a seguir perpetuando los problemas de recaudar fondos. ¿Por qué? Porque el fundraising de hoy se trata de abrir puertas, acompañar relaciones, dar contexto y sostener confianza.
Lo que ya estoy viendo como tendencia:
· Juntas con expectativas más claras sobre su rol
· Liderazgos que entienden que fundraising no es solo una función operativa
· Menos tolerancia al modelo de “todo recae en una sola persona”
En Puerto Rico, este cambio implica revisar una cultura que por años evitó incomodar a la Junta con involucrarlos en esfuerzos de recaudar fondos. Pero la realidad es esta: una misión ambiciosa necesita liderazgo con responsabilidades compartidas entre dirección ejecutiva y la Junta de Directores. Esto lo vi este año en mi consultoría, más del 75% de las organizaciones con las que trabajé solicitaron apoyo con activación de su Junta en asuntos de fundraising.
La Junta decorativa, la que acompaña desde la distancia, ya no alcanza para sostener el impacto que queremos ver en el 2026.
6. Puerto Rico pivota: menos dependencia de propuestas, más diversificación real
Las propuestas siguen siendo importantes. Pero no pueden ser el único salvavidas.
Fondos que disminuyen, retrasos y cambios estructurales han dejado una lección clara: necesitamos mejores relaciones con donantes, eventos bien diseñados y campañas diversificadas.
Entonces… ¿qué hacemos con todo esto?
Tenemos que ver el big picture. De primera mirada, el fundraising del 2026 puede verse más complejo, PERO la realidad es que es más sostenible a largo plazo. Desarrollar relaciones solidas con donantes toma tiempo, pero bien trabajadas, logran crear aliados, confianza y continuidad.
Este es el momento de hacerse las preguntas correctas antes de escribir los planes de trabajo para el 2026. Hay un trabajo previo que no siempre hacemos: mirar de frente nuestras prioridades reales, las vulnerabilidades que preferimos no nombrar, y el modelo que, más allá del deseo, puede sostener el impacto que queremos lograr.
Ese ejercicio no ocurre llenando por llenar templates de plantillas de trabajo para meter en una carpeta y decir que tenemos un plan. Ocurre en conversaciones honestas, brainstorming en grupo y apoyo de la Junta.
Justamente ese espacio de reflexión es el que muchas organizaciones en Puerto Rico están empezando a abrir ahora, y donde he tenido el privilegio de acompañar a varias de ellas a ordenar ideas, aclarar escenarios y tomar decisiones con mayor claridad.
El 2026 no se va a definir por la cantidad de cosas que hagamos, sino por tomar decisiones que realmente sostengan el impacto.
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Porque el fundraising, igual que la música, no es solo técnica… es emoción, visión y ritmo.
Y si lo haces con corazón, el impacto siempre llega.